Cuba y México, más de un siglo de hermandad

Las relaciones de Cuba con México han mostrado más estabilidad que con los demás Estados del continente americano, con cerca de 120 años de relaciones ininterrumpidas. Ya antes de que Cuba se constituyese como República, los caminos entre ambos pueblos se entrecruzaron bajo un propósito común en pos de la soberanía, el progreso y la justicia social. Hombres como los hermanos Manuel y Rafael de Quesada se convirtieron en protagonistas de la historia mexicana, alcanzando altos grados en las Guerras de la Reforma y contra la invasión francesa. Su destacada participación marcó pautas en los hechos trascendentales de la vida político-militar de la hermana nación y en la consolidación de su independencia y soberanía.

La múltiple presencia cubana en México necesariamente llamó la atención de Benito Juárez, quien en el decurso de su vida política y social coincidió con ellos y los tuvo de compañeros. Sus actos respecto a Cuba denotan inclinación y simpatía hacia nuestro pueblo y país, por lo que su esperado apoyo solidario no se hizo esperar. El 6 de abril de 1869 es reconocida la beligerancia del pueblo cubano y por medio del representante de la República de Cuba en Armas Pedro Santacilia se iniciaron las gestiones para enviar por medio de expediciones veteranos a tierras de Cuba Libre, aunque hubo otros que lo realizaron por su cuenta. Es así como alcanzaron la gloria y los más altos grados militares Gabriel González y Felipe Herrero y muchos otros que brindaron sus servicios a la causa independentista entrenando a los futuros soldados de la naciente República y combatiendo como cualquier otro mambí sin importar la nacionalidad.

Si bien algunas fuentes dan el 20 de mayo de 1903 como fecha oficial del inicio de las relaciones diplomáticas entre ambos pueblos ya desde julio de 1902 se daban los primeros pasos para el intercambio de los primeros embajadores. Cuba había nombrado al General Carlos García Vélez, hijo del general de las tres guerras Calixto García[1] [2], y por la parte mexicana Gilberto Crespo Martínez, quienes presentaron sus credenciales el 30 de octubre y 1 de julio, respectivamente. Sin  embargo,  estos  vínculos  tuvieron  alcances  limitados, reduciéndose  al  establecimiento  de  una  Convención  para  el  cambio de Bultos postales en abril de 1904, otra para Correspondencia en abril de 1911, un Tratado de Extradición firmado en Mayo de 1925 y, un Convenio relativo a los Servicios de Radiotelegrafía en junio de 1927. Resulta importante resaltar, que desde el establecimiento de relaciones diplomáticas  entre  México  y  Cuba  en  1902,  hasta  el  triunfo  de  la Revolución  Cubana  de 1959,  sus  respectivos  gobiernos  mantuvieron vínculos   estrechos,   pero   regularmente   condicionados   por   el intervencionismo estadounidense. Ello no impidió la influencia de la Revolución mexicana en la sociedad cubana la que, aun con sus limitaciones, es reconocida como el movimiento político-social más radical que se haya hecho en Latinoamérica,  lo cual fue un importante referente para Mella y Guiteras, quienes tomaron nota de sus acciones, como por ejemplo de una de las medidas más revolucionarias de este proceso, la reforma agraria de 1915.

Durante los primeros cincuenta años de República las relaciones entre ambas naciones fueron cordiales y de cooperación, a pesar de cierto alejamiento a finales del machadato y de una cautelosa recepción al septembrismo de 1933, apoyando los esfuerzos cubanos de modernización económica y política, a pesar de la cercanía y dependencia con los Estados Unidos. Las relaciones se fortalecerían durante el sexenio de Lázaro Cárdenas, estrechándose los lazos culturales con la irrupción de la cinematografía con íconos como Mario Moreno “Cantinflas”, María Félix, Jorge Negrete, Germán Valdés “Tin Tan”, Pedro Infante, y muchos más, así como los llamativos mariachis y su distintiva música. Además fue México el escenario propicio para varios artistas cubanos, como Rosita Fornés, Benny Moré, el Trío Matamoros, Pérez Prado y Kiko Mendive, donde disfrutaron de la fama y el beneplácito del público.  

Tras consumarse el golpe de Estado, protagonizado por Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, se produjo un deterioro de las relaciones, fundamentalmente por la situación de los asilados políticos que se veían obligados a escapar de la feroz dictadura  y las constantes violaciones a los derechos fundamentales del pueblo cubano. Si bien la postura del gobierno mexicano se mantuvo fiel a los principios de no intervención y autodeterminación, plasmados en la Doctrina Estrada de 1930, mantuvo sus puertas abiertas para recibir a los revolucionarios de la Isla, como ocurriera con el propio Fidel Castro en 1955.

Después del triunfo de la Revolución, en medio de la guerra fría y con el aumento de las tensiones con los Estados Unidos, México mantuvo su postura de defensa al proceso revolucionario. Más que capricho de gobierno de turno constituye  la expresión  de la política exterior de corte nacionalista vinculada a los principios constitucionales de 1917, trazada por todos los gobiernos priístas que con respecto a la Isla cuenta con matices particulares. Ambos Estadosforman una especie de paralelismo entre sus dos revoluciones que les permite mantener una relación constante y durable”, cuyos principios “sobre los cuales descansa esta relación bilateral son: la no intervención y la defensa a la libre autodeterminación de los pueblos”. Por eso no es de extrañar que fuera el único país de América Latina y el Caribe que no rompiera relaciones con Cuba y que se abstuviera de participar en la votación que la expulsaba de la OEA, continuando de esa manera con las relaciones diplomáticas con el gobierno revolucionario. En general, México se mantuvo a favor de la inserción de Cuba en acuerdos internacionales y rechazó las medidas condenatorias de la Isla.

No podemos dejar de mencionar el accionar del general y destacado estadista Lázaro Cárdenas, quien al igual que el Benemérito de las Américas dio todo su apoyo al pueblo cubano en su búsqueda de la independencia. Lázaro Cárdenas ya había apoyado, durante su mandato presidencial de 1934 a 1940,  los planes de la Joven Cuba al mando de Antonio Guiteras cuando éstos preparaban una expedición para iniciar la lucha guerrillera, y también posteriormente a los exiliados del Movimiento 26 de julio,  cuando perseguían el mismo propósito que los revolucionarios guiteristas, 20 años antes.

Tras el triunfo de la Revolución Lázaro Cárdenas participó en los actos de conmemoración por el aniversario del 26 de julio en 1959 y denunció la invasión mercenaria de abril de 1961.

 

[1] Contamos en los archivos el expediente de jubilación de Carlos García Vélez donde se deja constancia de su nombramiento.

[2] Gaceta Oficial no. 56 (3 Septiembre 1902) p.1791: Mensaje al Senado sobre nombramiento (21.7.1902). Respuesta del Senado (31.7.1902) aprobando nombramiento  (29.7.1902).

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