El 1ro. de Mayo y la Patria defendida

El 1ro. de Mayo y la Patria defendida

Por: José Carlos Ruiz, subdirector general 

Cuba fue uno de los primeros países del mundo en sumarse, desde el 1 de mayo de 1890, a la conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores. El acuerdo de celebrarlo provenía del congreso de la Segunda Internacional, realizado un año antes, en París. Se buscaba con ello mantener vivas las reivindicaciones obreras, después de aquellas que provocaron los infaustos hechos de represión ocurridos en la ciudad estadounidense de Chicago, en mayo de 1886.

En Estados Unidos, que a finales del siglo XIX proyectaba una imagen de potencia emergente y democrática, con apariencia exagerada de libertades y posibilidades, el sector empresarial básicamente privado y algunos Estados de la federación, se opusieron a la reducción a ocho horas de la jornada laboral, por la que habían venido clamando los sectores obreros. Incumplían incluso la Ley Ingersoll, promulgada en 1868, durante el gobierno de Andrew Johnson, que, aunque no beneficiaba a los trabajadores fabriles, estableció la jornada de ocho horas para los vinculados a obras públicas y empleados de oficinas gubernamentales. Aquella actitud empresarial abusiva, pretendiendo mantener jornadas laborales entre 10 y 18 horas, llevó a los trabajadores a protestar, como lo hacían desde el siglo XVIII, desasosegados por la explotación. Ocho personas fueron las detenidas y acusadas de ser las organizadoras de las manifestaciones. Cinco de ellas, que quedaron reconocidas en la historia mundial como los Mártires de Chicago, resultaron condenadas a muerte en medio de un arbitrario proceso judicial sin las pruebas necesarias.

A pesar de que el movimiento obrero cubano era incipiente, en aquel primer desfile, realizado desde el denominado por entonces Campo de Marte, hoy Parque de la Fraternidad, hasta la intercepción de las calles Consulado y Virtudes, organizado por el Círculo de Trabajadores de La Habana, según crónicas de la época, participaron unas tres mil personas.

Hoy, en 2026, son millones de cubanos, de varias generaciones en unidad impresionante, los que ocuparon las calles y plazas de todo el país, en esta fecha que dignifica a los trabajadores, con la convicción mayoritaria de que la protección de sus derechos se decide en fusión con todos los sectores ciudadanos y defendiendo, ante todo, la propia nación, la soberanía e independencia, que este pueblo ha salvaguardado con tanto sacrificio.

Ese sentido unitario adquiere, este 1 de mayo de 2026, connotaciones históricas. La política agresiva del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba escala a niveles inconmensurables. El riesgo no es sólo de palabras y pudiera serlo no sólo para Cuba. El daño ya está en curso y se recrudece. El poder maligno de ese país es enorme. Los peligros son ciertos. Lo sabemos, no somos ilusos. Pero, no han podido, ni podrán inducirnos a comportarnos con miedo. Tenemos convicciones crecidas en nuestro camino independiente, forjadas en una contienda que no cesa. Tenemos una obra que defender y sueños que construir. Queremos paz para seguir construyendo nuestro destino. Y por esa paz, que puede ser digna sólo si es soberana, el pueblo cubano salió nuevamente hoy a las calles.

Durante décadas, la más poderosa potencia agresiva que jamás haya existido en el mundo y a sólo 145 km de nosotros, una vez más se proyecta como una pérfida vecina de Cuba. Siempre ha pretendido ser arrogantemente superior y controladora, lo cual es consustancial al carácter imperialista que sustenta a ese sistema. Ese país ha desplegado, en los últimos 67 años, todo tipo de acciones ilegales e injerencistas para destruir el soberano y socialista sistema político cubano. Aunque, desde mucho antes del triunfo de la Revolución Cubana, prácticamente desde el inicio de su expansionismo territorial y movidos por su avaricia draconiana, Estados Unidos ha buscado poner a Cuba bajo su égida.

Mucho se habla, como si fuera fenómeno muy actual, de las guerras de cuarta generación u otras denominaciones que buscan remarcar esos conflictos que no se limitan a las dimensiones militares clásicas, aunque también las incluyen, sino que son operaciones en varios planos combinados, entre ellos el económico y comunicacional, no como apéndices o complementos, sino en modos muy orgánicos e intensos, desplegados incluso en avanzada, rigurosamente en función de los propósitos de esa agresión.

Estados Unidos, el país que más guerras ha desplegado en el mundo entero en los últimos tres siglos, incluyendo el presente, y de cuyo balance resulta haberse transformado en el Estado más peligroso para la paz mundial y el que más riesgo sigue provocando a la seguridad nacional de muchos países en todos los continentes, ha experimentado en torno a Cuba y desarrollado en considerable medida aquí y en tres momentos históricos, sus principales concepciones de dominio global. A finales del siglo XIX, intervino a última hora, con sus capacidades militares y económicas frescas, en la Guerra Hispano-Cubana, una guerra que se transformó en la Guerra Hispano-Cubana-Estadounidense.

Permítaseme dejar claro que jamás empleo el término 'americano', por considerarlo mal usado como gentilicio cuando se refiere sólo a Estados Unidos y porque ha sido impuesto por ellos mismos como apropiación monopólica e intención geopolítica, para hacer valer su Doctrina Monroe. Que nadie me diga que así se dice en inglés, pues esa lógica responde a lo anterior y los idiomas pueden ser adecuadamente renovadores.

La citada guerra fue convertida por los interventores en la primera contemporánea con carácter imperialista. José Martí había acertado en su previsión al respecto.

Luego de imponer su poder, bajo ocupación militar, y haciendo desvanecer el ideal de la república martiana, armó otra en la que contó con muchos cipayos y donde la embajada estadounidense movía los verdaderos hilos del poder. Una república que nació con el grillete de la Enmienda Platt a la Constitución, y que aprestó el territorio cubano como banco de ensayo para el desarrollo del neocolonialismo, el nuevo modo de ejercer imperio sobre otros.

Rabiosos por la derrota de la tiranía batistiana y la victoria de la Revolución, que recuperaba el ideario patrio y soberano, justiciero, los Estados Unidos desde el primer instante e impotentes ante la frustración desde sus intentos de condicionar el proceso revolucionario cubano, comenzó a estructurar desde el propio 1959 la más abarcadora y extensa en el tiempo, madeja de agresiones contra pueblo alguno. Una guerra de nueva generación por su alcance y concepto integral, que ha incluido bloqueo económico severo, asedio comunicacional sin tregua, cerco político, invasión militar, amenaza de destrucción nuclear, organización de acciones terroristas, bloqueo de combustible, planes de asesinato a los dirigentes de la Revolución… un infinito daño, que Cuba no podrá olvidar.

Fluyendo por varias arterias de la capital, en masa compacta y resistente, varios frentes de marcha, uno de ellos desde la Plaza de la Revolución hasta la Tribuna Antimperialista “José Martí”, cientos de miles de cubanos, millones sumados en otras ciudades y pueblos del país entero, plantan cara a las nuevas amenazas.

Los medios hegemónicos invisibilizarán las imágenes de las masivas manifestaciones en Cuba este 1 de mayo de 2026. Lo harán no porque no entiendan la realidad, al contrario, comprenden muy bien el coraje concentrado en este pueblo. Pero, lo ignorarán cínicamente para que no se vea en el mundo, para que cientos de millones de personas en América Latina y el Caribe, en África, en Asia y Oceanía, en Europa, y sobre todo en los propios Estados Unidos, no vean la frente digna de los cubanos, pese al daño que nos ha provocado sucesivos gobiernos estadounidenses durante décadas, con cálculo maquiavélico para agobiar la existencia cotidiana de los ciudadanos, con el propósito hasta ahora fallido de doblegarnos. Las ocultarán o cuando más harán vagas y deformadas referencias, porque estas manifestaciones que hoy, una vez más, han ocurrido en Cuba no les conviene que se conozcan, porque van contra el discurso maga-hegemónico.

Estas manifestaciones revolucionarias en Cuba van contra los dictámenes del sistema mediático oligopólico, que forma parte fiel de esa nefasta concatenación de poderes políticos-económicos-militares que evidencia actualmente su componente fascista y se muestra dispuesta a todo: a violentar las normas civilizadas del Derecho Internacional; a combinarse con el narcotráfico con fines políticos, aunque monten costosas y navales apariencias de lo contrario; a capturar presidentes legítimos, actuando para ello con desprecio absoluto de la soberanía de las naciones; esa entente reaccionaria está dispuesta a imponer cipayos y corruptos que entreguen los recursos de sus países al servicio de Estados Unidos; dispuesta alardosamente, sin vergüenza alguna, a borrar civilizaciones enteras; dispuesta a aniquilar por hambre o bajo la metralla a un pueblo entero, solidario y pacífico, como el cubano, que no se rinde, que sigue defendiendo su soberanía, la independencia e integridad territorial de Cuba, y que lo hará hasta las últimas consecuencias.

Hoy, en las plazas y calles de Cuba estaba manifestada, una vez más, la Patria. Y, aunque no lo crean los acosadores, obcecados por su avaricia y su egolatría enfermiza, este país no se arrodillará. Martí murió de cara al sol y luchó por la paz y el bien, y nos inspiró. Quien intente apoderarse de Cuba tendrá que recoger el polvo de su suelo anegado en sangre, si no es que perece en la contienda; así nos enseñó Maceo. Patria o Muerte, Venceremos. Fidel está aquí.

La Habana, #1deMayo de 2026

Fuente